La táctica oficialista de motivar, u obligar, a sus adeptos a unirse a Twitter, puede que resulte contraproducente para la causa “revolucionaria”. El fanatismo no tiene cabida en Twitter. La relación afectiva entre el jefe supremo y su séquito no se ve favorecida en una comunidad abierta, donde los tuiteros oficialistas están constantemente expuestos a denuncias, fotos y razonamientos poco favorecedores para su fanatismo incondicional.
Para ser un miembro digno de Twitter, se debe tener disposición a razonar, a dialogar, a dejar de lado los prejuicios y las ideas preconcebidas. Para leer más, visita infoCIUDADANO.


















